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Opinión - Editorial

 

La semana petrolera latinoamericana :

Víctor Flores García:China imita
la revolución energética de EEUU

 

 

El pasado 2013 cerró como un año histórico: China desplazó por primera vez a EEUU como el mayor importador global de crudo; y al mismo se convirtió en la  mayor potencia comercial de bienes por primera vez en la historia moderna. Esa faceta del nuevo mundo del siglo XXI es posible porque EEUU ha dejado de depender de sus importaciones de crudo, gracias a su revolución energética del combustible extraído de las rocas de esquisto o shale.

Los celos de un gigante  voraz

El gobierno chino se ha dado cuenta de que EEUU ha desarrollado una costosa tecnología de punta, que ha permitido a los estadounidenses reducir los costos de energía y las importaciones. Y Beijing hace todo lo posible por copiar, después de todo es parte de su reputación: imitar productos exitosos en el resto del mundo. Pero esta vez no será fácil. La tecnología está en unas cuantas manos y es un secreto multimillonario y estratégico.

El gigante estatal PetroChina comienza a ocupar los espacios que va dejando EEUU y la nueva geopolítica: despliega su agresividad en América Latina, comprando todo el petróleo que puede a Venezuela, Ecuador y Brasil, comienza a poner atención en el petróleo de México luego de la liberalización de su industria iniciada el año pasado; y aumenta su participación global en los campos petroleros de cualquier país, no importa qué tan inestable sea.

China se ha plantado incluso en Irak, donde la guerra de George W. Bush ha quedado atrás, pero la saga de violencia sectaria no cesa. Apenas en noviembre del año pasado, un atentado con cuatro bombazos destruyó un oleoducto que lleva 350.000 barriles diarios de crudo iraquí al puerto de Cihan en el mediterráneo turco. A mediados de 2013 The New York Times hizo una revelación: los chinos se están quedando con casi la mitad del crudo iraquí, debido a que Exxon, BP y Shell han bajado su presencia debido a los leoninas regalías e impuestos que cobra Bagdad. Y se van a otros mercados. Pero la estatal china Sinopec  está dispuesta aceptar un 5, o incluso un mínimo 3 por ciento de ganancia en Irak, que  se queda con al menos un 90 por ciento de impuestos, mientras que en EEUU esas cargas son apenas la mitad.

Mientras EEUU baja de 60 a 25 por ciento la tajada de las importaciones en el pastel del consumo nacional de combustibles fluidos entre 2005 y 2015, las importaciones de crudo de China se duplicaron en menos de una década: ahora son más del doble desde 2005. En cambio, en el mundo occidental la demanda de petróleo se desaceleró después de la crisis de 2008.

De la misma manera que el gigante asiático apuesta a explotar sus reservas no convencionales de petróleo -consideradas las reservas más grandes del mundo de gas shale explotables-, su carrera contrarreloj para alcanzar a EEUU atrae el olfato de las petroleras occidentales que desembarcan con sus equipos en China para ayudarla a liberar los hidrocarburos en rocas herméticas de esquisto.

Nace de esta manera la industria del gas de esquisto en China; pero los resultados aún son pobres. Mientras tanto, los chinos van ocupando los espacios que va cediendo EEUU, como Venezuela, por ejemplo, que le paga a Beijing un masivo préstamo de 40.000 millones de dólares con la tercera parte de su producción diaria.

El poder tecnológico en manos de EEUU

A pesar de su fama como obstinado copiador de tecnologías occidentales mediante el espionaje industrial, China aún no puede fabricar las bombas utilizadas para la fractura hidráulica de rocas herméticas que encierran combustibles fósiles, o "fracking". 

La industria petrolera ha sido revolucionada por técnica norteamericana de la inyección de agua, arena y una mezcla especial de lodos y productos químicos en pozos de alta presión, para abrir rocas de esquistos y otras formaciones geológicas que no liberan a sus recursos fósiles fácilmente.

Una de esas empresas líderes mundiales en la nueva tecnología es Weir, que tiene su sede en Escocia, pero dirige su negocio de petróleo y gas desde el corazón de la fuente de esquisto en Texas. El 7 de enero pasado, dos periodistas del Financial Times publicaron un ensayo muy revelador: “Oil and gas: a new frontier”, en el cual incluso describieron la primera fiesta de fin de año celebrada con 75 invitados al acostumbrado estilo occidental: en un pub inglés en el Park Tavern de Shanghai.

A medida que China trata de desbloquear su petróleo de esquisto y gas mediante nuevas tecnologías exitosas en EEUU, aumenta la posibilidad de convertirse eventualmente en un enorme mercado para las compañías occidentales como Weir, indica el revelador reportaje prospectivo escrito al alimón por Lucy Hornby en Pekin y Ed Crooks en Nueva York. Sin embargo, “aún pasará un largo tiempo antes de que China alcance el nivel de EEUU", considera Keith Cochrane, director de Weir. "Pero no hay duda de que los chinos son serios", en su empeño.

Si China puede provocar su propia revolución de esquisto, los costos de energía para los productores chinos caerían y la industria de petróleo y gas del gigante asiático podría emerger como una fuerza poderosa en los mercados mundiales. ¿Amenaza China a EEUU? El gobierno de Barack Obama cree que los beneficios potenciales superan con creces cualquier daño posible a los negocios petroleros de EEUU, de acuerdo con el FT.

De todas maneras, el desembarco de las petroleras occidentales para explorar los recursos de esquisto en China ya comenzó: los gigantes de EEUU -ExxonMobil, Chevron y ConocoPhillips- y las europeas -Royal Dutch Shell anglo-holandesa, Total de Francia y ENI de Italia, ya han firmado acuerdos con Beijin. 

Pero más que los exploradores y productores gigantes, son las empresas de prestación de servicios para la producción de petróleo y gas, desde la perforación hasta la fractura hidráulica para la inyección del agua mezclada con químicos y lodos, los que se llevarán el premio mayor. Por lo tanto, las empresas privadas más grandes del mundo especializadas en esos servicios petroleros como Schlumberger, Halliburton, Baker Hughes y Weatherford, forman parte de la avanzada de legión extranjera que desembarca en China.

A trote lento detrás de EEUU

A pesar de todo el entusiasmo, el futuro de una Revolución Shale en China sigue siendo oscuro. El avance de esa nueva estrategia petrolera ha sido decepcionante hasta ahora, y la extracción de combustible esquisto en China se enfrenta a muchos desafíos. Los periodistas especializados desplegados en el terreno consideran que será una prueba, no sólo para la tecnología geológica de China y el ingenio de sus ingenieros, sino de todo su modelo económico.

Se estima que China tiene los más grandes recursos de gas de esquisto en el mundo, con casi 70 por ciento más de gas técnicamente recuperable que EEUU, según la Administración de Información de Energía (IEA) de EEUU. Sin embargo, el avance ha sido lento. Por ejemplo, Shell apostó fuerte en el potencial de China, destinando 1.000 millones de dólares hasta la fecha. Pero ahora la petrolera anglo-holandesa considera que los acontecimientos significativos de producción de esquisto fuera de EEUU podrían tomar décadas.

Los recientes éxitos conseguidos por Sinopec, el segundo grupo petrolero controlado por el Estado chino, en la cuenca de Sichuan, han hecho revivir las esperanzas de que la producción esquisto sea posible en China, pero aún parece poco probable que pueda satisfacer la creciente demanda del país para el gas.

Para compensar su insaciable sed energética China está diversificando sus fuentes de suministro internacional, como el crudo de los países latinoamericanos mencionados,  a los cuales atrapa con sus flujos de capital prestado; como Ecuador, donde se ha apropiado de casi el 90 por ciento de la producción e incluso la triangula en el mercado estadounidense; y está muy cerca de firmar un acuerdo de suministro de gas con Rusia.

Explotar las reservas de esquisto de China es con frecuencia más difícil que las reservas de los EEUU. Los geólogos chinos desearían lograr un petróleo bituminoso como el que brota en Bakken, Dakota del Norte, o el shale gas Marcellus de Pennsylvania, donde las reservas pueden estar a sólo una milla por debajo de la superficie. Pero en las escarpadas colinas de la cuenca de Sichuan, los reservorios están a tres millas abajo en las estructuras deformadas por fallas tectónicas activas.

China también carece de las tuberías que atraviesan América del Norte; el gas se transporta en camiones por rutas sin infraestructura; y en las áreas prometedoras para el gas de esquisto, como la cuenca del Tarim, en el noroeste, el agua necesaria para fracking es muy limitada, de acuerdo con la investigación.

Hay una lección que podemos extraer de esta experiencia para América Latina: más que las diferencias geológicas duras, pueden ser los factores "blandos" en la estructura de la industria los frenos de la revolución de esquisto en China: falta un ambiente de negocios más abierto y competitivo, falta una estructura legal madura y falta resolver el tema de la propiedad privada de la tierra.

En opinión de muchos ejecutivos y analistas consultados por los corresponsales extranjeros, la diferencia crucial entre los EEUU y China se encuentra en la estructura de la industria. Chen Liming, presidente de BP China, lo planteó de de la siguiente manera en una discusión reciente en Beijing reportada por Lucy Hornby del FT: "Creo que Estados Unidos ha tenido éxito debido a su mercado abierto. Sin competitividad no tendrían éxito. Así que hay una mejora constante. A través de la competencia se puede aumentar en gran medida la eficiencia y los costos caen".

Hay un dato crucial en la revolución de esquisto de EEUU: esa aventura fue liderada por las pequeñas y medianas empresas del país, no por las grandes petroleras que dominan el mudo petrolero. Las pequeñas empresas intentaron muchos enfoques diferentes durante muchos años durante la década de los

80 para "descifrar el código" y desbloquear el petróleo y el gas encapsulado en las rocas de esquisto. La historia es muy conocida: todo comenzó gracias a la visión del multimillonario George Mitchell, quien comenzó sus esfuerzos en conseguir el gas de lutitas en aquella década y gastó millones y años tratando de hacer que su extravagante técnica funcionara. Ahora funciona y es una revolución.

En EEUU también existe un rico ecosistema de compañías de servicios petroleros cuya cifra se eleva hasta 10.000 empresas. En China, por el contrario, la evolución de esquisto están dominadas por dos grupos controlados por el Estado: Sinopec y CNPC, que constituyen la matriz de PetroChina. Todos los acuerdos de exploración de esquisto con grandes empresas occidentales se han firmado por uno de esos dos gigantes, pero las empresas locales chinas aún albergan dudas sobre el potencial del esquisto.

Dado que la producción de los pozos de esquisto individuales declina rápidamente, las empresas tienen que perforar más y más pozos sólo para mantener la producción total, ocupando el gasto de capital pesado, y las grandes petroleras chinas son recelosas de los compromisos que implica.

Trevor Houser, un consultor con el Grupo Rodio, hizo la comparación para el Financial Times: "Si los grandes grupos petroleros estadounidenses, ExxonMobil y Chevron, hubiesen tenido el 90 por ciento de la superficie de esquisto EEUU (como ocurre en China con PetroChina), el ritmo de desarrollo no habría sido tan rápido."

Hay otro problema para las empresas occidentales en China: Después de haber ganado las licitaciones de tierras, los recién llegados tienen dificultades para contratar empresas chinas de servicios petroleros, la mayoría de las cuales están afiliadas a organizaciones estatales. Esas petroleras también luchan para poder hacer sus envíos a los mercados urbanos donde los precios son mayores, ya que las grandes petroleras estatales bajo el comando de la estatal Petrochina controlan también las tuberías.

No sólo es la geología del planeta la que platea los desafíos, la organización de los recursos humanos y materiales también juega en la ecuación; pero mientras las rocas pueden revelar algún día sus misterios si se descifran los códigos tecnológicos, el sistema elegido por China para gobernarse tiene su propio misterio ancestral. En la siguiente entrega abordaré el espinoso tema de los secretos industriales en juego.

 


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Víctor Flores García, Especialista en comunicación y procesos políticos latinoamericanos. Posgraduado en Communications Policy Studies, City University, Londres y graduado con honores por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, México. Consultor asociado de AFAN Consultores Internacionales como experto en comunicación y análisis y consultor (STC) del Banco Mundial en estrategias comunicación gubernamental. Con una carrera periodística de más de 25 años, especialista en temas internacionales, ha vivido México, Uruguay y Venezuela; y ha recorrido varios países de América Latina cubriendo los procesos políticos y sociales contemporáneos más relevantes. Ha sido corresponsal para la Agence France Presse, (1996-2008). Desde 2008 a la fecha es especialista en temas energéticos y editor para México de PetroleumWorld. Colaborador de temas internacionales para Dominical Milenio de México (antes Milenio Semanal) y la revista electrónica Contrapunto. Ha publicado ensayos y libros sobre comunicación política y democracia y ha sido profesor de Comunicación Política en las universidades Iberoamericana (DF), Claustro de Sor Juana, Intercontinental, de las Américas Puebla y miembro de la Cátedra Latinoamericana Ignacio Ellacuría de la Universidad Iberoamericana, Puebla. Los puntos de vista expresados no necesariamente son los de Petroleumworld.

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