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Opinión - Editorial

 

La semana petrolera latinoamericana :

Víctor Flores García:Poner la proa
hacia China ¿hasta cuándo?

 

 

Poco antes de la guerra contra Irak de 2003, EEUU consideraba que en 20 años estaría importando dos tercios de su consumo de petróleo; pero una década después la tendencia mundial cambió, gracias a su revolución de combustible shale: ahora solo importa la cuarta parte y, en un hito histórico, China superó a EEUU en 2013 como máximo importador de petróleo.

 

Durante décadas, desde el embargo petrolero de los países árabes hace 40 años, los productores de petróleo en el mundo, en particular los vecinos de América Latina, acostumbraron a dirigir sus embarques EEUU; pero la tendencia ha cambiado y un nuevo jugador, China, ha llegado a la cabeza del crecimiento comercial que le demanda un elevado consumo de energía.

 

Las profundas consecuencias de los vaivenes energéticos para las relaciones internacionales y la seguridad global quedan de manifiesto al examinar un pronóstico emitido en 2001 que resultó: un grupo de acción política energética dirigida por el entonces vicepresidente Dick Cheney, advertía al presidente George W. Bush que en 2020 EEUU podría importar dos terceras partes de su consumo petrolero.

 

Si el consumo de petróleo de EEUU seguía creciendo a las tasa de entonces; y sobre todo, si la producción estadounidense continuaban cayendo, Cheney  y sus asesores proyectaban que las importaciones aumentarían de 10 millones de barriles por día a casi 17,5 millones de barriles. Desde entonces la seguridad energética se colocó como una prioridad del comercio y la política exterior de Washington.

 

Pero sus proyecciones se equivocaron en ambas predicciones: por un lado, la producción de petróleo de EEUU se ha disparado impulsada por la revolución energética con nuevas tecnologías de punta que desde 2005 han permitido perforar rocas herméticas y liberar hidrocarburos encapsulados; por otro lado, el consumo ha caído por la crisis financiera de 2008 y sus largas secuelas. 

 

El nuevo escenario hace más probable que EEUU tendrán sólo modestas importaciones netas de combustibles líquidos a finales de la década, que ya en 2015 serán apenas la cuarta parte de su consumo, mientras que en 2005 eran de 60 por ciento, cuando apuntaban en la dirección que el equipo de Cheney esperaba

 

Y estos resultados no parecen tener relación con teorías conspirativas de quienes gustan enfatizar que Cheney era consejero delegado de Halliburton desde 1995, que se marchó de la empresa internacional de servicios petroleros durante la campaña de las elecciones presidenciales del año 2000; que recibió una indemnización por despido de 36 millones de dólares; y que para el año 2004, en plena guerra contra Irak había recibido casi 400.000 dólares en compensaciones por parte de la empresa mientras ejercía ya como vicepresidente estadounidense.

Sin ficción: datos duros

Al comparar la brecha entre el consumo de petróleo y la producción nacional de EEUU y China, el resultado es el siguiente: para EEUU el déficit promedio fue de 6,24 millones de barriles diarios (b/d), y para China ligeramente mayor, 6,30 millones de b/d, de acuerdo con los datos de la Administración de Información de Energía (IEA, en inglés), emitidos en octubre de 2013

Los analistas de la industria observaron que, antes que un resultado coyuntural, se trataba de un cambio a largo plazo resultado en gran medida por la revolución energética del combustible esquisto que hemos venido analizando en esta serie de entregas de esta columna de Petroleumworld.

EEUU estaba en la punta de la lista de importadores mundiales desde la década de 1970, cuando superó las compras de Japón debido a que la producción estadounidense comenzó a declinar aquella década, estimulando las teorías del Pico del Petróleo, que pronostican una extinción progresiva después de alcanzado ese punto máximo.

Pero en los últimos cinco años los revolucionarios avances en las técnicas de fracturación hidráulica y perforación horizontal para desbloquear las reservas que antes eran inaccesibles en las rocas de esquisto, como en Eagle Ford, Texas y Bakken, en Dakota del Norte, sacaron a EEUU de la tendencia prevista y el mundo experimenta un cambio estratégico de largo plazo.

Para 2008 la producción de combustibles líquidos de EEUU ya había aumentado más de 40 por ciento hasta 12,2 millones b/d; y para este año nuevo 2014 la EIA espera 13,2 millones b/d, esto es un aumento de un millón de barriles diarios más, por lo menos, en menos de seis años.

De lado del consumo, no sólo la crisis financiera sino también la mejora del rendimiento de los combustible en los vehículos y la disminución del uso del coche, bajaron la demanda 4 por ciento en los últimos cinco años, hasta los 18,7 millones b/d en 2013, reduciendo la brecha entre producción y consumo.

Las cosas marchan a la inversa para los chinos: durante el mismo lapso la demanda de petróleo de China se incrementó en más de un 40 por ciento, y subió a 10,7 b/d; y aunque la producción subió un 10 por ciento, el resultado es de sólo 4,46 millones b/d.

Para una comparación global al final de 2013, la demanda total de petróleo de China es un 60 por ciento de EEUU: con alrededor de 11 millones de barriles por día frente a casi 19 millones de barriles diarios consumidos por los estadounidenses.

 

China tras los pasos de EEU ¿hasta Medio Oriente?

 

En Washington la obsesión de los políticos y los analistas es preguntarse si al reducir la sed por la importación de crudo le permitirá a EEUU librarse de la dependencia de Medio Oriente y sus conflictos. Los corresponsales en Beijing y Nueva York del Financial Times han invertido la cuestión y consideran que la verdadera interrogante no es esa, sino preguntar si una China más dependiente del petróleo se verá obligada entrar en Medio Oriente.

 

Un reporte escrito al alimón desde la capital china y Nueva York por Lucy Hornby y Ed Crooks (“The new gas guzzler”) publicado el  9 de octubre de 2013 para analizar el desplazamiento de EEUU por China como mayor importador mundial de crudo, considera que el elemento predecible en la ecuación es el inexorable crecimiento de la demanda de petróleo del país más poblado del planeta que se acerca poco a poco al nivel de vida occidental; pero enfatiza que la verdadera sorpresa ha sido la espectacular reactivación de la producción de petróleo de EEUU durante la última mitad de la década: la revolución shale.

 

La porción del pastel de la demanda de petróleo de EEUU para las importaciones es la ración más pequeña desde 1987. La curva se ha invertido y hacia 2020, las importaciones de crudo de EEUU se habrán reducido a 6,8 millones de barriles diarios, mientras que China se habrá elevado a 9,2 millones b/d, según la firma de investigación Wood Mackenzie citada por los periodistas del diario británico.

 

El juego de las fuerzas del mercado ha jugado a favor de EEUU porque el aumento de la demanda de China ha hecho subir los precios del petróleo, y como consecuencia, la elevada inversión que requiere la producción de combustible esquisto se ha vuelto económicamente viable y a la vez ha reducido el consumo de EEUU.

 

Las piezas del rompecabezas parecen acomodarse para Washington que saca conclusiones de este tipo. "Los chinos son mucho más vulnerables ahora a los precios del petróleo y la inseguridad del petróleo de lo que antes han sido", advierte David Goldwyn, ex funcionario del Departamento de Estado de EEUU, quien ahora es un consultor de energía.

 

De este nuevo escenario global los países latinoamericanos exportadores de petróleo, pueden extraer algunas lecciones: los urgidos compradores chinos ya pueden dictar los términos de pago a los productores de petróleo más pequeños. “Ese cambio en el poder comercial se acelerará, a medida que se debilitan las fuerzas de la demanda estadounidense, los exportadores de crudo de África, como Nigeria o Angola van a competir por nuevos compradores en Asia. Incluso Arabia Saudita exportó casi tanto a China como a los EEUU el año pasado”.

 

Y en cuanto a si China está dispuesta a entrar a los laberintos de Medio Oriente, nos hay duda: la se llevan casi la mitad de la producción iraquí, como he mencionado en una entrega anterior de esta serie dedicada a la revolución shale.

 

¿Cuánto durará esta tendencia?

 

Los países latinoamericanos, como Venezuela, Ecuador y Brasil, que han abierto sus puertas a las inversiones chinas, o México que ya liberalizó su industria para permitir la inversión extranjera, prohibida durante 75 años -un record mundial-, deberían estar atentos a las señales que da China en sus esfuerzos por frenar su dependencia del exterior.

 

Aunque el interés chino por garantizar el acceso al petróleo de otros países sea una nueva característica del panorama mundial, el gobierno de China está tratando de reducir la demanda de combustible

 

Convertirse en el principal importador mundial no hará de China el mayor consumidor de petróleo del mundo, porque EEUU utiliza nueve veces más petróleo por persona que China.  Los analistas esperan que su consumo de petróleo siga muy lejos del nivel de 21,5 barriles por persona por año en EEUU, diez veces más que los chinos. 

 

China consume sólo 2,9 barriles por persona al año en la actualidad, y muchos coinciden en que aún son cientos de millones de chinos que viven en las regiones rurales, con un estilo de vida austero y rústico, mientras el tráfico de las autopistas ya disuade para el uso del automóvil, aunque China tiene unos 100 millones de  vehículos, menos de la mitad de los 250 millones de estadounidenses.

 

El plan chino actual de cinco años tiene como objetivo limitar las importaciones de petróleo extranjero en un 60 por ciento en 2015, mientras la producción nacional de crudo permanece constante o estancada durante ese período, debido, entre otras causas, a que China aún no logra destapar sus reservorios shale. 

 

Y los resultados ya se presentaron: las importaciones chinas de crudo registraron el menor crecimiento en casi una década en 2013, según datos del gobierno, lo que plantea un desafío para los exportadores de Oriente Medio a África y América Latina que compiten para vender más petróleo en la segunda mayor economía del mundo.

El año pasado 2013 las importaciones promediaron 5,64 millones de barriles por día (b/d), un aumento de 216.880 b/d, o un poco menos de 4 por ciento a partir de 2012, según datos de aduanas divulgados a principios de 2014. Ese fue el crecimiento anual más bajo desde 2005.

Los signos de moderación de crecimiento de las importaciones en China significan que -para apoyar los precios mundiales del petróleo- los exportadores de crudo dependerán de un crecimiento más fuerte de la demanda en otro lugar o de las interrupciones en el suministro por conflictos bélicos, disturbios o inestabilidad en los países productores.

"Los exportadores ya no pueden depender de China, absorbiendo todo su exceso de crudo", dijo al Financial Times Amrita Sen, analista de aspectos energéticos en Londres, al comentar la tendencia en el arranque de 2014. Además, el crecimiento económico de China está empezando a disminuir, mientras que el enfoque basado en la fabricación con alto consumo de energía también se está desvaneciendo. China también ha pasado de ser un importador neto de diesel a un exportador regular. Como resultado, la necesidad de construir nuevas refinerías para crudo importado también se ha hecho menos urgente.

También están los optimistas, sobre todo los comerciantes de petróleo, quienes creen que la demanda de China para la mayoría de los productos de petróleo sigue creciendo y sugieren que son factores excepcionales o pasajeros los que deprimieron las importaciones el año pasado: por ejemplo, el gobierno ha comprado poco crudo para su reserva estratégica; o una explosión en el estratégico puerto de Qingdao, interrumpió el flujo de crudo en noviembre de 2013.

Como sea, la desaceleración del crecimiento de las importaciones de China en 2013; la revolución de esquisto en EEUU para resolver su demanda interna necesidades con recursos nacionales; y una demanda europea que sigue siendo lenta, son elementos para diseñar una ecuación más equilibrada, que no exagere el potencial chino para tragar petróleo del mundo.

Y, finalmente,  la propia revolución de esquisto tiene sus límites. Examinaré esas dificultades en la última entrega de esta serie dedicada al tema con la cuál iniciamos 2014.


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Víctor Flores García, Especialista en comunicación y procesos políticos latinoamericanos. Posgraduado en Communications Policy Studies, City University, Londres y graduado con honores por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, México. Consultor asociado de AFAN Consultores Internacionales como experto en comunicación y análisis y consultor (STC) del Banco Mundial en estrategias comunicación gubernamental. Con una carrera periodística de más de 25 años, especialista en temas internacionales, ha vivido México, Uruguay y Venezuela; y ha recorrido varios países de América Latina cubriendo los procesos políticos y sociales contemporáneos más relevantes. Ha sido corresponsal para la Agence France Presse, (1996-2008). Desde 2008 a la fecha es especialista en temas energéticos y editor para México de PetroleumWorld. Colaborador de temas internacionales para Dominical Milenio de México (antes Milenio Semanal) y la revista electrónica Contrapunto. Ha publicado ensayos y libros sobre comunicación política y democracia y ha sido profesor de Comunicación Política en las universidades Iberoamericana (DF), Claustro de Sor Juana, Intercontinental, de las Américas Puebla y miembro de la Cátedra Latinoamericana Ignacio Ellacuría de la Universidad Iberoamericana, Puebla. Los puntos de vista expresados no necesariamente son los de Petroleumworld.

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Petroleumworldve.com 06 02 2013

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