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Análisis y opinión sobre energía, geopolítica y civilización

 

Petróleo: Guerras y fin de la civilización

Por Carlos Rivero Collado

Nuestra civilización pudiera desaparecer de dos formas, entre otras, una fría y otra caliente: una guerra nuclear que lance a la atmósfera el suficiente hollín para provocar el Invierno Nuclear, o los efectos del calentamiento global. Ésta demoraría varios siglos; aquélla, menos de dos años.                                            

El aumento del calor nos consumiría poco a poco; pero una amable y bondadosa guerra nuclear entre Rusia y EU nos libraría de esa lenta tortura.      

(Mañana, 28 de enero, se cumplen 159 años del nacimiento del héroe antimperialista más sensible de la especie humana, José Martí. Si viviese, apoyaría la misma causa que defendemos y denunciaría los propios crímenes que señalamos) 

 
1-. ¿LEÑA AL FUEGO O PAZ TEMPORAL?
 

El legislador Mohammed Ismail Kowsari, vice-director del Comité de Seguridad Nacional de Irán, reiteró este lunes, día 23, que su país está dispuesto a cerrar el Estrecho de Ormuz si se llevan a cabo las restricciones económicas impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea y el país se viese imposibilitado de vender su petróleo, lo mismo que han declarado varios de los más altos dirigentes iraníes en las últimas semanas.

El propio lunes, la Unión Europea acordó declararle a Irán el bloqueo económico. En las últimas semanas, la UE ha estado importando más de 500,000 barriles diarios del crudo iraní, casi el 20% de todo el que exporta ese país –esto es lo que han dicho algunos analistas, sin embargo el presidente Ahmadineyad dijo ayer que ese comercio se había reducido al 10%)

Después, Ahmadineyad ha tenido una actitud distinta, que a unos les parece conciliatoria y, a otros, amenazante porque declaró ayer, jueves 26, que el embargo petrolero de la Unión Europea no tendrá graves consecuencias y que Irán pudiera suspender inmediatamente las exportaciones de crudo a Europa. Esto, por supuesto, sería un duro golpe para la economía, ya declinante, de varios países.

La Unión Europea estaba dispuesta a conceder a las compañías petroleras un período de varios meses para que pudieran encontrar nuevos mercados, mientras seguían importando el crudo de Irán.

Ésta es, sin dudas, una jugada maestra del presidente Ahmadineyad que pone a la defensiva a los países que estaban situando a Irán contra la espada y la pared.

¿Significa esto que el peligro de una guerra ha pasado? Eso sería lo mejor para la humanidad, pero tengo la inquieta sospecha que no va a ser así. 

Irán seguirá desarrollando su energía nuclear e Israel no cambiará su actitud de destruir sus reactores nucleares como hizo en Irak en 1981 y Siria en el 2,007, y, sobre todo, el Imperio y sus aliados, en especial los de Europa, buscarán otras causas que “justifiquen” la agresión al cuarto productor mundial de petróleo. 

En el escenario de Siria, por otra parte, si a Estados Unidos y la OTAN se les ocurriera hacer en ese país lo que hicieron en Libia mientras la marina de guerra rusa se halle en Tartus y aguas cercanas, el conflicto sería mucho más grave porque Rusia no podría aceptar esa terrible afrenta a su gloriosa historia llena de heroísmo y sacrificio. Dejaría de ser Rusia y se convertiría en un Miami de sombras y abrigos.  

Todo esto, como se ha visto con la mayor claridad, no es nada más que un plan del Imperio y sus cómplices de eliminar a dos enemigos del sionismo, Ahmadineyad y al-Assad, ampliar su dominio del mundo y robarle a Irán su petróleo, como hicieron con Irak y Libia y están planeando hacer en Venezuela, Nigeria, Argelia, Kazajtán y otros países, con lo cual dominarían la mayor parte del petróleo mundial, porque ya lo hacen con los de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Qatar y Omán.  

Son, en efecto, las guerras del petróleo, prueba palpable de que las potencias mundiales lejos de tratar de disminuir el calentamiento global, lo que planean es aumentarlo, o sea ampliar al máximo el uso del petróleo y seguir alterando la atmósfera con el exceso de bióxido de carbono, condenando a la humanidad a una inevitale catástrofe.      

Rusia, China, India, Indonesia y, de hecho, los demás países del mundo siguen usando petróleo, gas natural y carbón en inmensas cantidades. Brasil destruye, muchas veces con candela, cientos de kilómetros cuadrados de bosques todos los días. Venezuela anuncia que para el año 2,030 pudiera estar produciendo 10 millones diarios de barriles de petróleo, y Cuba busca el crudo, con el mayor ahínco, en la amplia plataforma marítima de su archipiélago.

Todos los gobiernos y pueblos del mundo son cómplices de esta inmensa locura, pero los culpables son los países más desarrollados científicamente porque les corresponde encontrar y poner en uso las fuentes alternativas de energía; y el inmenso consumo de los países capitalistas es la causa de que se estén usando los recursos de nuestro planeta, sobre todo los combustibles fósiles, en forma suicida.   

Si se fabrican trenes eléctricos de setenta vagones y más que funcionan bien y cubren  miles de kilómetros diarios sin graves problemas mecánicos ¿por qué no se pueden fabricar automóviles y autobuses y camiones eléctricos?

Por supuesto que tiene que haber una causa muy fuerte y no es otra que la inmensa y maldita influencia que ejercen sobre los gobiernos capitalistas las compañías petroleras, como la que ejerce la industria bélica para que no cese su zafra, la guerra.

    2-. LOS DOS INVIERNOS

   
Los escenarios de Irán y Siria pudieran ser el comienzo de guerras que involucrarían a otros países, con lo que el mundo no volvería a la Guerra Fría, sino que iría a laCaliente… o la Hirviente.
   

Digamos que una Guerra Caliente pudiera ser el enfrentamiento bélico entre países con un poderío nuclear limitado, como India y Pakistán, por ejemplo.

Existe la versión –ha sido también la mía antes de consultar con informes científicos más actuales y completos— que una guerra nuclear limitada en la que exploten, por ejemplo, unas 100 ó 150 bombas pudiera producir el Invierno Nuclear, o sea que el hollín lanzado a la atmósfera por los incendios provocados por esas explosiones pudiera evitar la llegada a nuestro planeta de la radiación solar y enfriar la temperatura a un punto en que desaparezcan la agricultura y otras fuentes de alimento, provocando la hambruna mundial y el regreso a una época glacial.

En realidad, no es así. Una guerra limitada en que hagan explosión unas 125 bombas nucleares de potencia limitada que lancen a la atmósfera, por ejemplo, unos 8 Tg de hollín (teragramos, o billones --millones de millones-- de gramos) pudiera provocar lo que conocemos en la historia como La Pequeña Edad de Hielo, una etapa de enfriamiento del planeta que aconteció después de una época relativamente cálida, conocida como Óptimo Climático Medieval, y duró desde mediados del Siglo 14 a mediados del 19, con tres breves períodos de frío más intenso que comenzaron en los años 1650, 1770 y 1850.

Las causas principales de este fenómeno fueron la disminución de la actividad solar y el aumento de la actividad volcánica que lanzó a la atmósfera grandes cantidades de hollín que disminuyeron la llegada a nuestro planeta de la radiación solar.

Este enfrentamiento nuclear de limitadas proporciones –8Tg--, sin embargo, tendría graves consecuencias sobre el flujo de gases y aumentaría aun más el hueco de la capa de ozono que hoy abarca casi 24 millones de kilómetros cuadrados.

El Invierno Nuclear que acabaría con nuestra civilización y nos llevaría a una etapa hasta un poco más helada que cualquiera de las cuatro glaciaciones que se sucedieron en esta Era Cuaternaria, sería efecto de la Guerra Hirviente, o sea el  enfrentamiento nuclear entre Rusia y Estados Unidos en que harían explosión unas 4,500 bombas con un poder de destrucción conjunto superior a los 450 megatones, cuyos inmensos incendios lanzarían a la atmósfera unos 180Tg.   –180 billones de gramos de hollín--.

Hace unos años se creía que la vida promedio del hollín era de unos diez años, hoy se plantea que pudiera ser de cinco veces más, es decir el período glacial provocado por esa guerra duraría medio siglo. 

La humanidad no desaparecería, como no lo hizo en las cuatro épocas glaciales, pero sería el fin de nuestra civilización como la conocemos, aunque la recuperación sería infinitamente mucho más rápida de lo que le tomó a la humanidad avanzar desde aquella época a la actual porque habria zonas tropicales que no estarían cubiertas por los hielos y refugios en los que se salvarían grandes recursos y conocimientos científicos, y quienes pudieran usarlos en favor de la reducida humanidad sobreviviente, que, por supuesto, no existían en las épocas glaciales. Los sobrevivientes serían, por supuesto, mucho más desarrollados e inteligentes que los que vivian al final de la ultima glaciación, hace unos doce mil años.   

Veamos ahora las consecuencias de una guerra más lenta, pero más mortífera, la del calentamiento global:   

3-. LA GUERRA FINAL

Las guerras que ha sufrido la humanidad desde los orígenes de la historia han dejado cientos de millones de muertos; pero el calentamiento global, más allá del que necesita el planeta para mantener la temperatura promedio que ha hecho posible nuestra forma de vida, amenaza con aniquilar la vida, convirtiéndose en la peor tragedia de todos los tiempos. 

Para que entendamos el alcance de este inmenso drama, debemos tener en cuenta algunos detalles, sin los cuales no pudiéramos tener una idea cabal de lo que está sucediendo en este planeta y, sobre todo, de lo que va a acontecer a lo sumo en  dos o tres siglos, que viene a ser un simple segundo de tiempo si lo comparamos con los 3,500 millones de años que ha transcurrido desde que surgieron las formas más primitivas de vida animal, las que, en su lento desarrollo, vivieron en las aguas unos 2,900  millones de años antes de que la masiva conversión del bióxido de carbono en oxígeno, y la formación de los gases de invernadero y la capa de ozono permitieran la vida animal sobre la superficie terrestre.

4-. EL ASTRO VITAL

La vida en este planeta depende del sol, o sea del calor o energía que recibimos de nuestra estrella. No es sólo la distancia a que estamos del sol lo que determina la vida, sino, sobre todo, lo que existe alrededor de nuestro planeta, o sea los gases de nuestra atmósfera, a los que llamamos de invernadero porque regulan el clima y lo mantienen en un promedio de 15ºC. Si estuviéramos a la misma distancia del sol pero no tuviésemos esta atmósfera, el clima sería de unos 33 °C menos, o sea unos 18 °C bajo cero, y no habría vida.

Son los gases de invernadero que existen en nuestra atmósfera los que controlan el clima porque regulan el calor que recibimos del sol, o sea el que debe quedarse y el que debe salir al espacio exterior para que el planeta no se congele ni se caliente mucho más.

El grave problema se crea cuando se aumentan los gases que regulan esa entrada y salida del calor. El aumento desmedido de esos gases se debe no al proceso natural que ha existido siempre, sino a la actividad humana, sobre todo en los últimos dos siglos y medio, a partir de la Revolución Industrial, en que el ser humano comenzó a explotar los combustibles fósiles.

5-. LOS GASES DE INVERNADERO

Hace más de mil millones de años, la atmósfera terrestre estaba compuesta, sobre todo, de bióxido de carbono, CO2, un gas cuyas moléculas están formadas por dos atómos de oxigeno y uno de carbono.

(No se debe decir dióxido de carbono, como hacen muchas personas, ya que el prefijo español que significa dos –en este caso dos átomos de oxígeno-- es bi, no di)

Enormes cantidades de este gas fueron absorbidas, lentamente, en un proceso que duró cientos de millones de años, por las plantas fotosintéticas y los animales marinos microscópicos que existían entonces, en una época en que grandes mares y pantanos cubrían lo que hoy es tierra firme.

Al morir esta flora y fauna original, ese bióxido de carbono acumulado en ellos sufrió ciertas alteraciones químicas y fue transformado en carbón, petróleo y gas natural, es por eso que les llamamos combustibles fósiles, los que, al ser quemados hoy, le devuelven a la atmósfera el bióxido de carbono que predominaba en ella cuando no era posible la vida animal sobre la superficie terrestre.

La vida en la tierra sólo fue posible cuando, hace unos seiscientos millones de años, las plantas terminaron de consumir casi todo aquel bióxido de carbono y lo convirtieron en oxígeno. Más del 90% de la energía que hoy se consume proviene de los combustibles fósiles.Los gases de invernadero sólo representan el 1% de todos los que forman nuestra atmósfera y es esa mínima proporción la que crea el clima, no el otro 99%, que está formado, en un 78% de nitrógeno y en un 21% de oxígeno, aunque la proporción de oxígeno en la corteza terrestre, que es adonde se produce la vida animal y vegetal, es de un poco más del doble, de un 46%.

La energía solar que llega a nuestro planeta es, como promedio, de unos 343 vatios, o unidades de calor, por metro cuadrado. Unos 168 vatios por metro cuadrado son consumidos por el planeta y unos 103 vatios por metro cuadrado regresan al espacio exterior. Los gases de invernadero atrapan, pues, en la actualidad, unos 72 vatios por metro cuadrado, que son relanzados a la superficie del planeta. Esto, por supuesto, aumenta el calor y cada año que pasa será peor, porque, entonces, ya no serán 72 vatios por metro cuadrado, sino muchos más.

La concentración de bióxido de carbono en la atmósfera es de un 148% en proporción a la que era en 1750 y mayor de la que ha sido en los últimos 800,000 años, de acuerdo a los análisis de las capas de hielo. Evidencias indirectas señalan que este exceso de CO2 en la atmósfera pudiera ser el mayor en los últimos 20 millones de años, y el uso de los combustibles fósiles es responsable por las tres cuartas partes de ese incremento.

Se cree que el 50% del bióxido de carbono emitido a la atmósfera tardará unos 30 años en desaparecer, otro 30%, varios siglos, y un 20%, miles de años.

En un estudio reciente se informó que el exceso de CO2 está afectando la actividad mental de las especies marinas en océanos, lagos y ríos. Otro estudio determina que, desde 1850, Estados Unidos y Europa han generado el 70% de las emisiones totales de bióxido de carbono.

6-. EL ESCUDO

El oxígeno libre que existe en la superficie terrestre es efecto de la fotosíntesis, en que la flora convierte el bióxido de carbono y el agua, en presencia de la luz solar, en oxígeno y carbohidratos, o sea azúcares, es decir alimento. Las moléculas de este gas tienen dos átomos de oxígeno, pero las moléculas del oxígeno de la alta atmósfera, al que llamamos ozono, consiste de tres átomos. El ozono es el gas que protege al planeta de los rayos ultravioletas del sol.

La capa de este oxígeno distinto al que respiramos, a la que llamamos capa de ozono, existe a una altura de entre 15 y 35 kilómetros sobre la superficie terrestre. Esta capa absorbe del 97 al 99% de los rayos ultravioletas del sol que son nocivos a la salud porque pueden producir cáncer y dañar ciertas funciones del código genético en plantas y animales, poniendo en peligro nuestras fuentes de alimento.

Los agentes químicos que provocan la desaparición de la capa de ozono, son el cloro y el bromo, creados por halógenos orgánicos como los clorofluorocarbonos, o CFC, y los bromofluorocarbonos; y, además, el óxido nítrico y el carboxyl. Hay enormes huecos en la capa de ozono que se extienden por más de 20 millones de kilómetros cuadrados, en especial sobre la Antártida y varios países del hemisferio sur.

A pesar de esto, se siguen produciendo artículos que dañan la capa de ozono, como los aerosoles, el freón y otros productos nocivos.

7-. EL DESTINO DE LAS ESPECIES

Las especies están desapareciendo a un ritmo cinco mil veces más rápido que el normal. Un informe de Naciones Unidas plantea que para mediados del Siglo 21 sólo quedará el 5% de los bosques tropicales y, cuarenta años después, habrá desaparecido el 66% de los mamíferos, las aves y las plantas del mundo.

Al aumentar el calor, muchas zonas que hoy son húmedas se secarán, aunque no del todo, o sea aún tendrán vegetación. Habrá grandes incendios forestales en esas zonas, y, sobre todo, en las que nunca fueron húmedas, como California, por ejemplo, que es el Estado más rico y poblado de Estados Unidos, y de hecho en todo el centro de este país, de las Appalachias a las Rocallosas, en que están las tierras más fértiles de este país. Se quemarán cientos de miles de kilómetros cuadrados, habrá que evacuar pueblos y ciudades, las pérdidas humanas y materiales serán gigantescas.
En el norte de la Florida, que no es una zona tan húmeda como el sur del Estado, pero mucho menos seca que California, ha habido ya grandes incendios forestales debido al calor. El humo creado por estos macro-incendios lanzan a la atmósfera cantidades enormes de bióxido de carbono, contribuyendo a un mayor aumento del calor.

A esto hay que añadir que, en muchos países, los incendios forestales son provocados por el ser humano con fines económicos, o sea extracción de madera, creación de campos agrícolas, fundación de pueblos y ciudades, etc. Todo esto, por supuesto, hará disminuir el oxígeno en la corteza terrestre, o sea se pone en peligro el primer elemento de la vida, que no es el agua, sino el oxígeno, porque los seres humanos podemos vivir varios días sin agua, pero menos de tres minutos sin oxígeno.

Por otra parte, el calor excesivo irá destruyendo la agricultura, matando la ganadería y aumentando los desiertos. Al mismo tiempo, en otras zonas del planeta, la lluvia será mucho mayor.

Se sabe, además, que el excesivo calor influye en las precondiciones que generan los terremotos. Surgirán tormentas, huracanes catastróficos e inmensos tsunamis. Grandes zonas se inundarán, ríos y lagos crecerán como nunca antes, muchas personas morirán ahogadas... eso no es mañana ni pasado, lo estamos viendo ya. 

8-. LA CATÁSTROFE

Al derretirse los polos y los glaciales por el aumento del calor, subirá el nivel del mar y de las aguas en general, y se anegarán islas, costas y ciudades. Las primeras víctimas serán los países tropicales, de los que sólo las zonas de lomas y montañas se salvarán... de las inundaciones, no del fin de la agricultura y la ganadería, el hambre total.

Varios países de las altas latitudes de ambos hemisferios, como el norte de Estados Unidos, Canadá, los Países Escandinavos, Rusia, y el sur de Australia, Chile y Argentina, etc., se beneficiarán por el aumento del calor. Los rusos podrán plantar mangos y los canadienses mamoncillos, y ahorrar el combustible de la calefacción; pero será sólo por un breve tiempo, medio siglo tal vez, porque después estos países sufrirán, también, el exceso de calor y sus consecuencias. Lo peor de todo no serán los incendios ni los deshielos ni los huracanes ni los desiertos... sino el hambre que causará la ausencia casi total de agricultura y ganadería, y las epidemias que ocasionarán las inundaciones.

Sin llegar aun a eso, hoy mismo, casi dos mil millones de seres humanos carecen de agua potable, ya que el 97.5% del agua del planeta es salada. Casi tres millones de personas mueren todos los años por tomar agua contaminada, casi todas en los países pobres, víctimas del dengue, la malaria, los parásitos intestinales y demás, o sea… una cada doce segundos.

A medida que se calienta la superficie del mar aumentan las probabilidades de que haya muchos más huracanes. Ésos que se forman en el Atlántico tropical cercano a África y vienen hacia acá, como Mitch, Andrew, Katrina, Ike, Gustavo y tantos otros que han causado enorme destrucción y muerte, irán también al Atlántico sur, hacia Brasil, Uruguay y Argentina, adonde hoy no existe ese fenómeno. La temporada de huracanes abarcará el año entero. Tendrá que crearse otra escala distinta a la de Saffir-Simpson porque los habrá mucho más destructivos que los de Categoría 5, la máxima de hoy.

9-. LAS GUERRAS DE LAS FRONTERAS

Al ser los países tropicales los más afectados por el calor, habrá inmensas emigraciones, que no serán, por supuesto, tan pacíficas como las de ahora. Miles de millones de hindúes, indochinos, indonesios, africanos, latinoamericanos y otros pueblos, se verán ante el cercano espectro del hambre y la muerte, y tendrán que buscar comida, o sea emigrar. Los gobiernos de los países que aún tengan agricultura y otras fuentes de comida, como el norte de Europa, Canadá, Siberia, etc., protegerán sus fronteras.

Vendrá, por ello, la guerra de las fronteras, en la que habrá millones de víctimas. En los propios países en los que aún no haya tanto calor y en los que todavía existan grandes desniveles económicos si persiste el capitalismo, habrá una guerra social, mucho más terrible que la de Roma en tiempos de Espartaco, a la que se dio ese nombre.

Habrá, también, grandes conflictos internacionales. Para ese entonces, a fines del Siglo 21 y principios del 22, más países tendrán bombas nucleares y, para defenderse, las usarán. Tal vez las guerras nucleares puedan evitarse mediante acuerdos de paz y desarme, porque nadie querrá que los efectos de la radioactividad y del Invierno Nuclear acaben con casi toda la vida en la Tierra; pero no se podrá evitar la guerra total que la naturaleza le hará al ser humano en justa respuesta a la que el ser humano le ha hecho a la naturaleza.

10-. LOS SUICIDAS

Los temas del Invierno Nuclear y el calentamiento global son inagotables y seguiré     escribiendo sobre ellos, como he hecho antes.
Sólo me queda por decir esta vez que las conferencias ecológicas celebradas en las últimas décadas, como las de Kioto, Buenos Aires, Copenhague, Cancún y otras,  han sido un fracaso absoluto y un claro presagio de la inexorable tragedia.

Una encuesta celebrada por la Gallup el año pasado, en más de cien países, indicó que en Europa y Estados Unidos hay menos preocupación por los peligros del calentamiento global que unos años antes.

En Estados Unidos, por ejemplo, el mayor emisor de bióxido de carbono del mundo, el 47% de los encuestados atribuyó el calentamiento global a causas naturales.  

La propia encuesta señaló que en América Latina se halla la mayor proporción de personas que identifican el calentamiento global con la actividad humana, un 73%.

La causa de esto es la naturaleza insensible y hasta salvaje que en Estados Unidos adquiere el sistema capitalista en que el dinero es más vital que la vida.

 

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Carlos Rivero Collado es cubano, se graduo en Ciencias Políticas en Columbia University en 1967, ha sido contrarevolucionario y revolucionario, profesor universitario de historia, periodista, columnista y activista politico. Autor del libro "Los sobrinos del Tío Sam".( carlos.rivero@att.net )Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.

Nota del Editor : Este articulo fue originalmente publicado en Aporrea.org , el 27 de enero, 2012 . Reproducimos el mismo en beneficio de los lectores.

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