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El Credo de Carlos Fuentes : Su autobiografía intelectual


Carlos Fuentes fue uno de los escritores más conocidos de finales del siglo XX .

Por Víctor Flores García

En 2002 la publicó en forma de un diccionario su autobiografa los temas que obsesionaron su vida

Hace una década, a sus 72 años, Carlos Fuentes terminó de escribir su autobiografía intelectual. Aquel año 2002 la publicó en forma de un diccionario con los temas que obsesionaron su vida y sus pensamientos, las ficciones del novelista y las realidades ensayista, íntimas y colectivas. Esa autobiografía literaria la tituló En esto creo . Inspirado en dos referentes franceses, en el estilo directo y corto de Montaigne, precursor del ensayo como estilo; y en Voltaire, quien redactó sus ideas en un Diccionario Filosófico , Fuentes publicó sus 41 entradas, palabras organizadas desde la A de Amistad, a la Z de Zurich, ciudad que toma como pretexto para narrar su encuentro juvenil con escritor alemán Thoman Mann, quien ya era un septuagenario distinguido con la medalla del Nobel. Publicó esas confesiones sin preámbulo alguno, apenas con una lacónica dedicatoria a su hijo, poeta, fotógrafo y cineasta, entonces recién fallecido a los 23 años, abatido por una temprana enfermedad crónica: “In memomorian, Carlos Fuentes Lemus. 1973-1999)”.

El único comentario de esta autobiografía lo presentaron los editores de Seix Barral. La obra fue ofrecida como un “acto de fe en los valores humanos, bitácora de vuelo de las grandes ideas, diario de navegación de las experiencias fundamentales”.  Por ese ejercicio, el ganador del premio Cervantes, recibiría años después la mayor distinción de la Academia Española de la Lenguados años después. La recapitulación de su experiencia literaria, armada con las reflexiones de escritor ante su tiempo y el ensayo de variadas formulaciones teóricas, fueron las combativas respuestas del Fuentes, entonces temprano septuagenario, ante  “las alucinantes interrogaciones de la vida contemporánea”.

De lado de la literatura, las entradas del diccionario personal fueron breves pero rotundas. El orden alfabético colocó  al frente al padre de la novela moderna, Balzac, acaso porque el autor de la Comedia Humana, fue junto con Cervantes y Faulkner, parte de la trilogía mayor de las influencias reconocidas por Fuentes. Kafka, Shakespeare y el filósofo alemán Wittgenstein, cierran la concisa lista, en la que incluyó a Jesús y apenas dos libros: La Odisea y El Quijote , aunque explayó el relato de sus aficiones en las páginas dedicadas a la novela y a lectura.

Los enigmas eternos de la vida son otra parte de esas confesiones: el amor, la belleza, los celos, Dios, la experiencia, la familia, los hijos, la muerte, las mujeres, el sexo, el tiempo, y finalmente, su Yo. Así, en orden alfabético. El ensayista político se abrió campo entre temas separados por abismos, como la educación, la globalización, la Historia, la izquierda, la libertad, la política, la revolución, la sociedad civil, y la xenofobia, aquel mismo orden azaroso. Una relectura de los primeros párrafos dedicados a cada palabra de su credo, abordadas en ensayos cortos a los cuales dedicó en promedio una decena de páginas, hasta sumar 350, nos asoman al extenso universo intelectual de la mente que acaba de apagarse la mañana del martes 15 de mayo.

Esa autobiografía era parte de un paquete de cinco libros que yo había elegido leer hace diez años en una remota estancia del Uruguay gaucho y rural. Me había retirado con mi pequeña familia junto a un riachuelo con molino, entre caballos y ovejas, lejos de todo, mientras me preparaba para viajar muy pronto a una incierta cobertura de uno o dos meses en Irak, en plena guerra contra Estados Unidos. Los otros cuatro autores invitados con Fuentes a mi retiro eran el novelista húngaro Sandor Marai, el filósofo bávaro Hans Magnus Enzesberguer, el periodista especializado en la guerras norteamericanas, Bob Woodward, y un historiador de la ideas, el británico liberal Isaiah Berlin. Aquella misión finalmente se frustró por la rápida caída de Saddam Hussein. Pero esa es otra historia. Ofrezco ahora un asomo a las grandes y pequeñas ideas en las que Carlos Fuentes creía, y que en aquella ocasión reflexiva le agradecí, por su simple y humana profundidad:

Amistad:

Lo que no tenemos lo encontramos en el amigo. Creo en este obsequio y lo cultivo desde la infancia. No soy en ello diferente de la mayor parte de los seres humanos. La amistad es la gran liga inicial de los seres humanos.

Amor:

El amor quiere ser, por el mayor tiempo posible, plenitud de placer. Es cuando el deseo florece por dentro y se prolonga en las manos, los dedos, los muslos, las cinturas, la carne erguida y la carne abierta, las caricias y el pulso ansioso, el universo de la piel amorosa, reducidos los amantes al encuentro del mundo, a las voces que se nombran en silencio, al bautizo interno de todas las cosas. Es cuando no pensamos en nada para que esto no termine nunca.

Balzac:

Creo en Balzac. Junto con Cervantes y Faulkner, es el novelista que más me ha influido. Y como todo gran escritor, posee muchas facetas. Pero acaso no hay otro que de manera tan deliberada dé su sitio a la realidad social (“Moi, j'aurai porté toute une société dans ma tête”); y lado alado, erija un espectro que es una advertencia: el relato fantástico. Realista y fantástico. Su realidad incluye la realidad de la imaginación. Sus personajes son ambiciosos trepadores sociales pero también los derrotados y humillados. Su obsesión es el dinero pero también el terror y el sueño. Sus pasiones son personales, pero también colectivas

Belleza:

Sócrates se sabía feo y rogaba por “la belleza interna”. Creo que no hay disposición más certera para juzgar “lo bello” que esta: pedirle al cuerpo que sea guía hacia el alma, y al alma, que nos permita entender la posible armonía entre cuerpo y espíritu. Implícita en nuestra vida está la sucesión de cómo se relacionan el alma y el cuerpo. ¿Son inseparables, sólo los divide la neurosos o la muerte, abrazados la una con el otro?

Buñuel:

Conocí a Buñuel durante la filmación de Nazarín en Cuautla. Actuaban en la película mi primera mujer, Rita Macedo, Marga López y un extraordinario Francisco Rabal que le daba al personaje de Galdós un aura de ausencia mística y dulce misericordia que sostenían, maravillosamente, la rabia y el dolor final del personaje. [...] Hombre cálido, amigo incomparable, dueño de un humor único, recuerdo con intenso cariño y como uno de los privilegios de mi vida, las horas pasadas al lado de Buñuel, en México, en París, en Venecia, descubriendo esa forma esencial de la amistad que es saber estar juntos sin decir palabra, pensando y asimilando lo dicho antes de volver a decir, y todo ello con el vaso de buñueloni en la mano. Receta: mitad de ginebra inglesa, un cuarto de Cárpano y un cuarto de Martini dulce.

Celos:

Los celos matan el amor, pero no el deseo. Éste es el verdadero castigo de la pasión traicionada. Odias a la mujer que rompió el pacto de amor, pero la sigues deseando porque su traición fue la prueba de su propia pasión. Los celos dependen de que una relación amorosa no termine en la indiferencia. La amante que nos abandona debe tener la inteligencia de insultarnos, rebajarnos, agredirnos salvajemente para que no la olvidemos con resignación. Para seguirla deseando con ese nombre pervertido de la voluntad erótica que son los celos.

Cine:

Entre todas las artes del siglo XX, ninguna se presentó con novedad más representativa del tiempo que la cinematografía. Pintura, arquitectura, escultura, música: todas descienden del pasado, le rinden tributo, lo renuevan. Sólo el cine nace con el siglo, sólo el cine es sólo del siglo XX. Sus deudas estéticas y literarias son inmensas.

Dios:

-En conclusión, ¿crees en Dios?

-En conclusión, ¿cree Dios en mí?

-Mira, yo me quedo con la apuesta de Pascal. Creo en Dios, porque si Dios existe, salgo ganando, y si no existe, no pierdo nada.

Faulkner:

La libertad ya existe. Tal es el postulado implícito en toda legislación del progreso. ¿No son libres el empresario el trabajador, el niño, la mujer, el individuo, la humanidad en suma puesto que así lo declara la ley? Si la libertad ya existe, pace Rousseau y vía las revoluciones democráticas de Francia y Estados Unidos, nada es trágico. De Dostoyevsky a Kakfa, los escritores trágicos nos dicen que no es así. La libertad verdadera consiste en la posibilidad mínima de darle sentido a la realidad y darle realidad al mundo siempre consiste en una tarea por hacer. La libertad no nos es dada. La debemos hacer y la hacemos buscándola. Ni siquiera el sombrío (aunque siempre sonriente) Maquiavelo se atrevió a decir lo contrario: “Dios no lo hará todo, pues ellos nos despojaría de nuestro libre albedrío y esa parcela de gloria que nos pertenece a cada uno de nosotros”.

Hijos:

He asistido al nacimiento de mis tres hijos. Mi primera hija, Cecilia, nació en la ciudad de México, en 1962. Su madre, mi primera mujer, Rita Macedo, era una bellísima actriz de perfil mestizo, morena de grandes ojos rasgados y pómulos altos (…). En 1972 me casé con mi segunda esposa, Silvia Lemus, y mi segunda hija, Natasha nació en Washington en 1974. Fue una niña rebotona, alegre, llena de imaginación y humor (…). Cuando escribí estas líneas, hace pocos años, la imaginé como un exorcismo, no como una profecía. Pensaba en mi hijo Carlos Fuentes Lemus, nacido en París el 22 de agosto de 1973 y muerto en Puerto Vallarta, Jalisco, el 5 de mayo de 1999. Apenas empezó a caminar – cuando su madre Silvia y yo vivíamos en una granja de Virginia- su cuerpo se llenaba de moretones y sus articulaciones se hinchaban. Pronto supimos la razón. Carlos, a causa de una mutación genética sufría de hemofilia, la enfermedad que impide la coagulación de la sangre. (…) Viendo el homenaje de mis hijas a mi único hijo, entendí que un hijo merece la gratitud del padre por un sólo día de existencia en la tierra.

Iberoamérica:

Creo en Iberoamérica. El Atlántico no es para mí  abismo, sino puente. [...] Somos el Territorio de la Mancha. Manchados, impuros, mestizos, abiertos por fuerza a la comunicación, las migraciones, la confianza en nuestra aportación al mundo. Somos los escuderos de Don Quijote.

Izquierda:

¿Y la izquierda? ¿Tiene razón de ser después de sus terribles fracasos, oportunismos, traiciones, pasividades, a lo largo del siglo XX? Quiero recordar aquí, porque en ello creo, sus victorias también, en su lucha contra los fascismos, en Europa, en los Estados Unidos, en Latinoamérica. Pero también en su combate contra las dictaduras de izquierda. La democracia de la izquierda se manifestó en gente tan diversa como el poeta Osip Mandelstam en Rusia, el periodista Carlos Franqui en Cuba, los escritores Milan Kundera, Geürgy Konrad y Leszek Kolakowski en la Europa Central... ¿Y hoy? Cayó el muro de Berlín. Se derrumbó la Unión Soviética. Lo que no se derrumbó fue la injusticia social. Lo que no cayó fue la explotación del hombre por el hombre.

Jesús:

Busco en vano un personaje histórico más completo que Jesús, el Cristo. Las figuras que con paso más recio han cruzado el escenario carecen, por su intensa actividad externa. Del reino espiritual interno de Jesús. Los místicos mismos. Dada la intensidad de su vida interior, no poseen el lugar en la pala que ocupa Jesús, como ser histórico activo.

Kafka:

“¿Has leído a Kafka?”, me pregunta Milan Kundera. “Por supuesto -le contesto-. Creo que es el escritor indispensable del siglo XX”. Kundera sonríe socarronamente: “¿Lo has leído en alemán?”. “No”. “Entonces no has leído a Kafka”.

Lectura:

Un libro, aunque esté en el comercio, trasciende el comercio.

Un libro, aunque compita en el mundo actual con la abundancia y facilidad delas tecnologías de la información, es algo más que una fuente de información.

Un libro nos enseña lo que le falta a la pura información: un libro nos enseña a extender simultáneamente el entendimiento de nuestra propia persona, el entendimiento del mundo objetivo fuera de nosotros y el entendimiento del mundo social donde se reúnen la ciudad -la polis- y el ser humano -la persona. El libro nos dice lo que ninguna otra forma de comunicación puede, quiere o alcanza a decir: La integración completa de nuestras facultades de conocernos a nosotros mismos para realizarnos en el mundo, en nuestro yo y en los demás.

El libro nos dice que nuestra vida es un repertorio de posibilidades que transforman el deseo en experiencia y la experiencia en destino. El libro nos dice que existe el otro, que existen los demás, que nuestra personalidad no se agota en sí misma sino que se vuelca en la obligación moral de prestarle atención a los demás -que nunca son lo de más. [...] Hoy más que nunca, un escritor, un libro y una biblioteca nos dicen: Si nosotros no nombramos, nadie nos dará un nombre. Si nosotros no hablamos, el silencio impondrá su oscura soberanía.

Muerte:

Si no basta una vida para cumplir todas las promesas de nuestra personalidad truncada por la muerte, ¿corremos el peligro de irnos al extremo opuesto y creer que todo es espíritu y nada materia? Eterno aquél, perecedera ésta. ¿O es que nada muere por completo, ni el espíritu ni la materia? ¿Son similares sus desarrollos? Sabemos que los pensamientos se transmiten, más allá de la muerte. ¿Pueden transmitirse, también, los cuerpos?

Las ideas nunca se realizan por completo. A veces se retraen, invernan como algunas bestias, esperan el momento oportuno para reaparecer. El pensamiento no muere. Sólo mide su tiempo. La idea que parece muerta en un tiempo reaparece en otro. El espíritu no muere. Se traslada. Se duplica. A veces suple, e incluso, suplica. Desaparece, se le cree muerto. Reaparece. En verdad, el espíritu se está anunciando en cada palabra que pronunciamos. No hay palabra que no esté cargada de olvidos y memorias, teñida de ilusiones y fracasos. Y sin embargo, no hay palabra que no sea portadora de una inminente renovación. La palabra lucha contra la muerte porque es inseparable de la muerte, la hurta, la anuncia, la hereda... No hay palabra que no sea portadora de una inminente resurrección.

Mujeres:

Creo en mujeres. Con sexo. Con Nombre. Con biografía. Con experiencia. Con destino.

Novela:

No hay novela sin historia. Pero la novela, introduciéndonos en la historia, también nos permite buscar el camino fuera de la historia a fin de ver claramente a la historia y ser, auténticamente, históricos. Estar inmersos en la historia, perdidos en sus laberintos sin reconocer las salidas es, simplemente, ser víctimas de la historia.

Política:

La política fue como si segundo líquido amniótico: crecí en ella, pues entre 1930 y 1960 -mis primeros 30 años-, lo mejor y lo peor de la polis desfilaron ante mi mirada. LO mejor fue tener muy pronto un concepto constructivo y aristotélico del quehacer político: la política como costumbre virtuosa, receptiva de los datos de la cultura, la tradición, el respeto del individuo y el vigor de la colectividad.

Quijote:

Don Quijote es la primera novela moderna y su paradoja histórica es que surja de la España de la Contrarreforma, la Inquisición, los dogmas de la pureza de sangre y la ortodoxia católica. La España que al expulsar a los judíos en 1492 y a los moros en el 1603, exilió la mitad de sí misma. Don Quijote es una paradoja de la paradoja. Es un lector de libros de caballería que quisiera restaurar los valores medievales del honor, la justicia y el coraje y para hacerlo sale de su casa a los campos de Castilla, montado en una yegua derrengada y acompañado de un escudero pequeñín y regordete sobre un burro. Don Quijote es un lector. Pero a pesar de su nostalgia por la Edad Media, es un lector moderno que lee sus libros en impresiones debidas al genio del editor alemán Gutenberg. Loco por los libros, Don Quijote convierte su lectura en su locura y poseído por ambas, quisiera convertir lo que lee en realidad.

Sexo:

El eros primero son las niñas, dos compañeras de escuela en Washington con las que, poco a poco, me fui descubriendo en una maravillosa oscuridad propiciada por ellas, una, la de anticuados bucles a la Mary Pickford y la otra pecosa audaz como lo sería hoy Periquita o Mafalda. Fueron las primeras, en la penumbra de los apartamentos cuando los padres estaban ausentes, que me revelaron y se revelaron, como una inocencia impúdica, cuando teníamos nueve años. ¿Por qué se sintieron obligadas a desvelar nuestro delicioso secreto? Nadie nos sorprendió nunca. Ellas tuvieron que confesarse, inermes, casi como si deseasen el castigo. Que para mí fue no volverlas a ver.

Silvia:

La primera y la última, dice el maravilloso poema de Gérard de Nerval a Artemisa: “Et c´ést toujours la secule –ou c'ést le seulmomento”… Si todas las mujeres que he querido se resumen en una sola, la única mujer que he querido para siempre las resume a todas las demás. Ellas son las estrellas, Silvia es la galaxia misma. Ella lo contiene todo. La belleza. El placer erótico pero también el simple pacer de estar juntos, sentarnos a comer, dormir y despertar, caminar, viajar juntos, compartir amigos, discutir dudas, hacer planes, entender defectos, aceptar errores, amarnos incluso por lo que podría irritarnos o disgustarnos en nuestras personalidades y conductas. La alegría de tener hijos. La pena de perderlos. La comunión de la memoria.

Sociedad civil:

Un Estado moderno, en cualquier parte del mundo, tiene que enfrentarse hoy a una economía global que pasa por alto leyes y fronteras nacionales. ¿Cómo corregir las desigualdades provocadas por la globalidad?¿Cómo preparar a los individuos para la era de la nueva y acrecentada competencia en todos los órdenes de la vida? ¿Cómo estructurar los programas de bienestar a fin de que los ciudadanos más débiles no sucumban al darwinismo social? El Estado latinoamericano, en particular, no debe abandonar la protección de la ineficiencia sólo para caer en la protección de la injusticia.

Tiempo:

No puede haber presente vivo con pasado muerto. Cuando expulsamos al pasado por la ventana, no tarda en regresar por la puerta principal, disfrazado de las más extrañas maneras. Las guerras contra la memoria son perdidas, al cabo, por quienes las emprenden.

Xenofobia:

Estamos sujetos a la prueba del otro. Vemos pero también somos vistos. Vivimos el constante encuentro con lo que no somos, es decir, con lo diferente. Descubrimos que sólo una identidad muerta es una identidad fija. Todos estamos siendo. Nada nos hace comprender -o rechazar- esta realidad mejor que el movimiento que definirá cada vez más la vida del siglo XXI: las migraciones masivas de Sur a Norte y de Este a Oeste. Nada pondrá tan seriamente a prueba nuestra capacidad de dar y recibir, nuestros prejuicios y nuestra generosidad también.

Yo:

“El Yo es detestable”. Rimbaud, que se sabía hacer querer o detestar en iguales medidas, se amó y se odió a sí mismo en medidas, acaso, superiores. [...] El yo vanidoso es el pigmeo del ser. Puede representares a parte de nosotros mismos en la que depositamos, sin darnos cuenta, lo que más odiamos en los demás.

Zurich:

A principios de 1950, acababa de cumplir veintiún años cuando llegué a Suiza para continuar mis estudios tanto en la Universidad de Ginebra como en el Instituto de Altos Estudios Internacionales. Trabajaba en la misión de México ante la Organización Internacional del Trabajo (…) Me hice amigo de estudiantes extranjeros, diplomáticos y periodistas. Conocí a una bellísima estudiante suiza y me enamoré de ella, pero nuestros encuentros clandestinos fueron interrumpidos por dos casualidades. Primero, fui expulsado de la estricta pensión donde vivía  en la Rue Emile Jung por razón de la clandestinidad ya dicha. Segundo, porque los padres de mi novia le ordenaron que dejase de frecuentar a un joven proveniente de un país oscuro e incivilizado, cuyos habitantes según contaba, comían carne humana.

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Víctor Flores García es un experimentado periodista Salvadoreño radicado actualmente en México, veterano de los medios y con 12 anos en la Agencia France Presse, Flores García es actualmente corresponsal de ContraPunto y Petroleumworld en México. Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld .

Nota del Editor : Este comentario fue originalmente publicado en Contrapunto, el 16 05 2012. Reproducimos el mismo en beneficio de los lectores.

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